viernes 26 de agosto de 2011

Cuando pienso en Nueva York

Ahora, cuando pienso en Nueva York no pienso sólo en "la ciudad que nunca duerme"; pienso en un sueño, en una promesa, en una novena avenida que siempre estará ahí, en un par de piscinas marcando lo que nunca debió dejar de existir, pienso en un recuerdo que perdurará generaciones. Pienso en coreanos simpáticos (y otros que no lo son tanto), en puertas que siempre están abiertas y en confundir pull con push, en la suerte que tuvimos al descubrir aquella terraza nada más aterrizar, pienso en lo cerca que quedan Boston y Washington, en calles y avenidas infinitas ardiendo en el calor de cualquier tarde de agosto, pienso en las lluvias torrenciales inesperadas, en buscar más Rinconcitos, en calendarios luminosos, en las luces eternas de Times Square, en el bullicio inesperado de la Stone Street, en el Empire Diner con otro nombre que no recuerdo, en Monets y Van Goghs, en Woody Allen buscando a su Annie Hall, pienso en encontrarnos by the River's Edge. Pienso en una hamburguesa con piña, queso azul, olivas negras y mostaza dulce, en cupcakes con colores tan vívidos que parecen inventados con Photoshop, en parques elevados, en pies mojados, en fotomatones, en volver a lo más alto de Manhattan sin hacer apenas cola, en atardeceres volviendo desde Staten Island, en lo rápido que oscurece sobre el puente de Brooklyn, en la ropa tendida después de una colada que falló, en monigotes blancos que simbolizan luz verde, en la comodidad de las butacas de aquel cine en la 34, en el sol de las 7 de la mañana filtrándose a través de las cortinas, pienso en un verso de García Montero que dice que Nueva York sigue al fondo, todavía. Cuando pienso en Nueva York recuerdo los pequeños pasos de tus pies descalzos cruzando el pasillo de parquet y abriendo la puerta sin hacer ruido.




1 Comentário:

Colombe dijo...

Caramba chaval, tienes talento del bueno, me encanta como escribes. Sigue así.

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