viernes 6 de agosto de 2010

Sólo para alcanzarte

Si yo escribiera bien no me limitaría únicamente a estos textos cortos sin sentido aparente y a una pretendida publicación anual de ciento y pico páginas de nada, escrita en cosa de un mes y con más errores ortográficos que en los cuadernos de una clase de preescolar. Tampoco devoraría tantos libros con tanta envidia ni pensaría cosas del estilo de "¿Cómo ha podido este maldito americano barriobajero escribir esta frase?" o "Menudo párrafo. Ese jodido ruso de las narices sabe hacerte pensar". Por eso, para intentar escribir mejor, a veces les miro de imitar. Lo curioso es que hay ocasiones en las que da resultado y cuando le doy a 'Publicar' pienso que ese fragmento incluso tendría cabida en uno de sus bestsellers (al menos en el más infumable de ellos). Luego, a los pocos días, vuelvo a encontrarme con lo que escribí y me doy cuenta de que no sirve ni como pasatiempos. Entonces me pongo a pensar (lo cual no siempre es bueno), y acabo escribiendo chorradas como ésta. Sea como sea, y como suelo decirme a menudo, prometo seguir escribiendo como si viviera dentro de una canción de Travis: sólo para alcanzarte.

x23 :)


Ahora suena: Travis - Writing To Reach You


lunes 2 de agosto de 2010

Relatos cortos de verano I

Me desperté sobresaltado por el estruendo de la fuerte lluvia; eran poco más de las cuatro de la madrugada y la habitación se iluminaba de forma discontinua por la luz que irradiaba la tormenta. Puse los pies descalzos sobre el suelo y noté el frio atravesándome como una ventisca. Me acerqué a la ventana del estudio, subí un poco la persiana y dejé que transcurrieran los minutos mientras miraba como el agua y la oscuridad mancillaban la ciudad. Algunos coches circulaban, lentamente, sobre el pavimento encharcado. Pocas farolas funcionaban aún, la mayoría habían sucumbido al viento y a los apagones generalizados. La penumbra se abría así paso a través de las calles, conquistándolo todo, sin dar cuartel. El reloj digital que había sobre la mesa se apagó con un zumbido, me apresuré en encontrar una vela con la que, de paso, encendí el último cigarrillo que me quedaba y que en principio quería reservar para la mañana, justo después del desayuno, instantes antes de salir de casa. Me senté sobre el escritorio mientras fumaba, saqué unos folios en blanco de la carpeta y agarré una pluma del cajón. Escribí durante largo rato, hasta que conseguí llenar un par de caras con tinta negra y letra pulida. El cigarrillo, a todo esto, se consumió en el cenicero de cristal. Cuando terminé de escribir, me recosté sobre la silla para leer detenidamente el texto, como si estuviera criticando lo que otro hubiese escrito. Las líneas hablaban de oscuridad, soledad y tormentas de verano. Curiosamente, pensé, parecía la crónica de mis últimas noches. Cuando terminé de leerlo, levanté el folio y, acercándolo suavemente a la llama de la vela, dejé que ardiera plácidamente, a fuego lento. Cuando apenas quedaron algunas cenizas, limpié la mesa con un par de manotazos y me dirigí al dormitorio, donde me dispuse a dormir el resto de la noche, con la indescriptible satisfacción de haber escrito algo único que nadie más leería jamás.



Ahora suena: Sweetness - Micah P. Hinson

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