Un día de suerte en el infierno (I)
Condujo sobrepasando cualquier límite permitido por la larga avenida sin dejar de pisar el acelerador, sin prestar atención a ninguna señal o semáforo que se le cruzara por delante: tan sólo se dedicó a incrementar las revoluciones por minuto en busca de la velocidad idónea para, al estrellarse, causar el mayor daño posible. A qué y a quién le daba igual.
Había olvidado ya todas las promesas y los buenos propósitos. Ya no los necesitaba. Tan pronto como vio manar los cortes de sus nudillos comprendió que ya era demasiado tarde para jugar a ser buena persona. Ahora sólo quedaba lograr la velocidad adecuada, antes del muro rezar lo primero que se le ocurriese para que no doliera y rogarle a la señora de la limpieza que no se enfadara por los cristales rotos y las huellas que había dejado con sus zapatos en suelos, paredes y puertas. El final de la calle ya estaba cerca, sus propios faros quebrando la penumbra de la noche así lo indicaron.
Bienvenidos al Capítulo I de Literatura Destructiva: 'Un día de suerte en el infierno'
Ahora suena: Radiohead - Packt Like Sardines in a Crushd Tin Box
Había olvidado ya todas las promesas y los buenos propósitos. Ya no los necesitaba. Tan pronto como vio manar los cortes de sus nudillos comprendió que ya era demasiado tarde para jugar a ser buena persona. Ahora sólo quedaba lograr la velocidad adecuada, antes del muro rezar lo primero que se le ocurriese para que no doliera y rogarle a la señora de la limpieza que no se enfadara por los cristales rotos y las huellas que había dejado con sus zapatos en suelos, paredes y puertas. El final de la calle ya estaba cerca, sus propios faros quebrando la penumbra de la noche así lo indicaron.
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