En lo más alto de Manhattan
Cuando me paro a pensar, no puedo dejar de evocar imágenes de lo más dispares. De forma casi automática, busco un punto de apoyo que a su vez me cubra las espaldas y empiezo a recordar momentos. De pronto me creo despertando en aquel autobús que me acercó entre bostezos a París aquella fría mañana de octubre. Recuerdo ver por primera vez la silueta de la torre entre la niebla matinal y pensar "ahí está". Pienso en volver una vez más, contigo. Sin saber cómo, aparezco a tu lado, en el mismo lugar que la otra tarde, notando el chocante calor de tu mano en mi mejilla helada. Me pregunto qué habría sido de mí si no hubiésemos llegado a hacer aquel primer viaje juntos, cuándo habría claudicado y dónde habría acabado confirmando mi soledad. Luego, me veo imaginando cómo deben ser al otro lado del charco esos atardeceres de los que tanto hablas, cuán viciado estará el aire en lo más alto de Manhattan y cuál será el mejor recuerdo de esos días que guardaré para cuando vuelva a necesitarlos. Como hoy.
Ahora suena: Su día libre - Quique González
Ahora suena: Su día libre - Quique González





A ver... más te vale volver a París con esa chica especial. La capital francesa nunca te podrá parecer más bonita, te lo puedo asegurar.
Sobre Nueva York y Boston, qué decirte, mejor no te hagas ilusiones, seguro que esa chica prefiere sorprenderte al momento y ver tu cara de emoción.
Esa chica te quiere,
M.
Publicar un comentario en la entrada