lunes 27 de julio de 2009

Remedios infalibles

Trucos fáciles para días duros: verte.


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Ahora suena: Damien Rice - The Blower's Daughter

domingo 26 de julio de 2009


Apuesto lo que queráis a que antes se reía con cualquier cosa y se divertía saltando de aquí para allá y jugando con los charcos, sin otra preocupación salvo la de llegar a casa para la hora de la cena. Y ahora, mírala, bebiendo un café tras otro y mirando sin leer noticias que ni le van ni le vienen, pensando en sus cosas, incapaz de dejar la mente en blanco por unos segundos, ni siquiera en un lugar como éste, en el centro de la ciudad y a su vez alejado del mundo. La vemos ponerse tensa cuando suena su teléfono. Contesta en voz baja, cuchicheándole al aparato y escondiéndose todo lo que puede. Tratamos de imaginar que estará diciendo. No podemos ver que cara pone al hablar, su mano cubriéndola nos lo impide. Al rato, la chica que sólo quería reír deja el periódico sobre la mesa, se levanta y se va con el rostro entristecido. Y así, con una chica a la que le acaban de robar su particular mes de abril, se perdió gran parte de la magia y el encanto de aquel lugar, que hasta entonces relucía incluso en los días más grises.



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Ahora suena: Green Day - 21 Guns
Foto: tomada ayer, sobre las siete de la tarde.

lunes 20 de julio de 2009

[Fragmento] "Si estuvieras aquí"

Volví a mirar tu nota. Pensé que quizá eso había sido todo. No había por qué pensar que volvería a ocurrir de nuevo. Pesimista que es uno, qué quieres.
Me di una ducha pensando que también te podías haber duchado aquí antes de irte. Eso me hizo recordar algunos ligues anteriores que, por lo general, siempre querían ducharse por las mañanas y que yo hacía huir a toda prisa diciendo que la ducha estaba estropeada o que mi verdadera novia –imaginaria en aquél entonces– estaba a punto de venir. Claro que por entonces aún vivía en la casa de mis padres y hacia lo posible por no dejar ni rastro de mis idilios.
Una vez, incluso me puse a hacer jaleo en la cocina para que la chica se despertara y se fuera corriendo, con la súbita excusa de que mi madre venía a comer a mi casa y estaba al caer. Lo mejor de esa chica fue que realmente creyó que la casa de mis padres era mía en realidad. Sí, era así de cabrón. La edad del pavo vaya.

(Página 64)



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Ahora suena:
Quique González - Vete Con Cuidado Menuda forma de cerrar un disco :)

miércoles 15 de julio de 2009

[Fragmento] "Si estuvieras aquí"


Te encantaba recoger los pelos que dejabas enganchados por el cuello y los hombros de mi abrigo, y a mí me encantaba que lo hicieras. Ésta fue una de tantas cosas que descubrí durante los siguientes meses.
Además de esto, los cafés con leche muy azucarados y la comida rápida, eras apasionada a no callarte nunca. No había palabra que no te atrevieras a decir ni comentario que prefirieras ahorrarte. Solías tener opinión para casi todo y aunque alguna podía ser más criticable que otra, nunca ibas desencaminada en ningún aspecto. Hablabas, y sumías a los demás a tu encanto. Podías convencer a cualquiera de cualquier cosa. Tu actitud hacía pensar en una grácil y alegre niña que se resistía a hacerse mayor. Pero tu madurez nunca se había visto resentida por ello, al contrario.
A menudo me sorprendía pensando en lo afortunado que era. Yo no me había imaginado nunca con una chica que me hiciera sentir tan pequeño a su lado tan a menudo. Vale, quizá voy un poco de sobrado, lo sé. Pero contigo realmente ocurría.
De hecho, tampoco me había imaginado siendo la envidia de mis amigos por tener a mi lado a la que hubiera podido ser ­–y que quizá era– la chica de sus sueños. Pero poco a poco le fui encontrando la gracia al adictivo placer de tener una novia más guapa que las del resto. Y aquí no voy para nada de sobrado, te lo aseguro.
Eras una auténtica caja de sorpresas. Cada día me regalabas algo nuevo. Cada día encontraba más detalles a anotar en la larga lista. Cualquier escenario era bueno para descubrirte. No sé si me ocultabas detalles para que los hallara despacio o es que te gustaba dosificarte, como una droga.


(página 81)




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Ahora suena: Eagles of death metal - Don't speak (I came to make a bang)

viernes 10 de julio de 2009

Personas y personajes

Nuestras vidas –sí, en el fondo esto es otra filosofada de las mías–, están repletas de personas. Son las personas las que hacen, en verdad, que nuestras vidas cuenten y valgan las pena. Personas que van y vienen, personas que aparecen de pronto y se esfuman sin decir ni pío. Personas que se quedan, y ojalá que de allí no se mueven.
Pero no todo son personas. También hay personajes. Y éstos, aunque en menor medida, también le dan su puntillo a la cosa. Algunos, si los vemos a diario, pueden llegar a hacerse un hueco en nuestras vidas. Entonces, muchas veces, pierden parte de su gracia. Nos acostumbramos a ellos los vemos más personas que personajes. Otros, no, y se convierten en un personaje anecdótico, que igual sólo has visto una vez pero, por lo que sea, te apetecería volver a encontrarte. Éste último es el caso que me ocurrió hace un par de días, en el metro, de camino al centro.
Andaba yo leyendo, como siempre, apoyado en el primer y único sitio vacio del vagón que encontré; precisamente, junto a unas de las puertas de acceso. El metro paró en Jaume I, creo, y de pronto se subió nuestro héroe.
Era un tipo alto y delgado, de cuarenta y pocos. Llevaba, y no bromeo, el pelo hacia atrás, totalmente engominado (he de decir que por un segundo dudé si eso era gomina o grasa de caballo), bigotito fino perfilado por encima del labio, que seguía hasta la comisura de la boca, y largas y frondosas patillas negras. La cara, brillante por el calor y con el ceño fruncido, apenas se dejaba ver tras unas enormes Rayban de aviador, talla grande, por supuesto. El tipo llevaba puesta una camisa de manga corta de color naranja, el cuello levantado hasta la altura de las orejas y cuatro botones desabrochados, y qué decir tiene. Unos tejanos oscuros ajustados y unos zapatos de piel, acabados en punta e inmaculadamente blancos.
Esbocé una sonrisa sólo de verlo e intenté concentrarme en la lectura para no partirme ahí mismo. Entonces, el personaje empezó a mover el cuello, como si estuviera bailando una música que nadie más oía. Miré a mi alrededor y vi que algunos pasajeros lo miraban con expresión extraña. Algunos giraban la cara para no reirse en su cara.
Tras unos segundos de baile de San Vito, el tío se detuvo de repente, y pegó un estruendoso bostezo. Como respuesta, tres o cuatro personas que estaban cerca bostezaron también, todo cubriéndose con la mano.
Sonreí de nuevo y miré a mi derecha, estabamos frenando al tiempo que entrabamos en la siguiente parada. Vi un cartel que anunciaba la película Pagafantas. Pensé que no podía haber sido más oportuno.
Cerré el libro y, mientras el tío se daba la vuelta para encarársele a la puerta de entrada, todo esto sin dejar de mover con un ritmo extraño el pie derecho, me quedé unos segundos mirando el título: "La conjura de los necios". Vale, qué pasa hoy, pensé, todo el mundo se mueve para que lea justo lo que está pasando, o qué.
Nuestro personaje bajó del tren (dispuesto a seguir dando la nota por allí donde pasara) casi por la fuerza, sin reparar en la gente que –inteligentes estos, también– se atrincheraban frente a la puerta, ansiosos por tomar un buen sitio.
Me apeé también del vagón pensando en esas sabias palabras que dijo una vez mi abuela, en referencia a otro personaje que yo me sé "desde luego, si estás en el mundo es porque debe haber de tó'". Di que sí.



Pd. Para los escépticos, la anécdota es real y fue tal y cómo la cuento xD
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Ahora suena: Goodbye My Lover - James Blunt (Y ya ha pasado un año de aquella noche. Qué grande fue!)

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