
Independientemente de por dónde pasemos, el camino siempre empieza y acaba en Nueva York. A veces se me hace imposible entender a Dean. Él cree y afirma que el único viaje que vale la pena es aquél que cuenta con un coche rápido, una larga carretera y una mujer al final del camino.
Sal escribe con una letra increíblemente pequeña en una de las tantas servilletas de papel que le han sobrado del desayuno. Absorto en lo suyo, dejo que siga mientras veo pasar tres o cuatros Buicks del 47 y me pregunto qué coche habrá ido a 'buscar' Dean. La respuesta no se hace esperar. Al los pocos minutos de irse, Dean reaparece con un flamante Cadillac descapotable de color rojizo. Está bastante nuevo. No consigo imaginarme como estará dentro de unos cuatro mil kilómetros. Si los aguanta.
Saltamos dentro. Sal sigue en sus trece, no parará de escribir hasta que no se le agoten las servilletas. Dean se inclina sobre el volante y lanza el coche a toda velocidad a través de la 5ª Avenida. "Allá vamos, allá vamos" dice.
Como digo, el viaje no tiene un recorrido fijado. La filosofía de los anfitriones es avanzar por las carreteras más rápidas, parar lo mínimo y recorrer, cuanto antes, la mayor cantidad de millas posible. Nuestro viaje enloquecido a través de la América virgen apenas ha comenzado. Veremos dónde nos lleva y sí, por una de esas casualidades, me vuelvo a ver stuck inside of Mobile with the Memphis blues, again.
PD: Basado en 'On the Road', claro.
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Ahora suena:
Scott MacKenzie - San Francisco y
Bob Dylan - Stuck inside of Mobile with the Memphis Blues again [éste último, con vídeo de 'Miedo y Asco en Las Vegas']