Sin título II
Y habrá uno o dos sofás bajos en los que me estiraré siempre que pueda a mirar el cielo a través de la ventana más cercana y a leer libros que no entienda y que seguramente no despertarán en mí el más mínimo interés. Pero en cualquier caso, peor sería no leer nada. Justo enfrente, colgada y empotrada en la pared, habrá una televisión de esas planas que no encenderé nunca (al menos, intentaré no hacerlo). Su única función será decorar y, como mucho, amenizar las noches que no haya nada que ver por la ventana. Cada cinco minutos, y durante todo el día, la canción de fondo cambiará aleatoriamente y sonarán cosas como 'House of Cards' o 'Tangled Up in Blue'.
También tendré una Hispano-Olivetti de esas, de las de antes, preferiblemente sin caries. Estoy convencido de que algún día tendré una. Hoy, de momento, no. Ni me hace falta ni sabría sacarle ningún provecho. Creo que la utilizaré todavía menos que la tele, pero bueno, al menos servirá para recordarme lo que querría ser y no soy.





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