Yo nunca encontraba esa pared

Si yo no fuera tan pardillo algunas veces, un tipo perdido, sacado de su contexto en tertulias en las que los muchachos del jersey rosa preguntan: ¿Qué vas a hacer este verano?, probablemente tendría (tirando por bajo) un establo con siete u ocho caballos, una novia francesa de nalgas respingonas y un antiguo barco reconvertido a yate de veraneo, bien llamado La Doncella Afrancesada en honor a mi musa y sus nalgas.
Por todo eso, Marlon Brando intentó sacar provecho de mi timidez. Intento enseñarme a cruzar los brazos semidesnudos, de tal forma que las manos aumentaran el relieve de los bíceps y las quinceañeras mal informadas creyeran que el hombre es todo sexo, desde las uñas de los pies hasta el caparazón del cerebro.
Marlon, tan poco hablador como siempre, actuaba siempre apoyado sobre su espina dorsal, retrocediendo lo necesario hasta encontrar la pared que te protege la espalda, convirtiéndose en el único punto invulnerable de su ser, y desde allí poder improvisar y lanzar toda su parafernalia según le viniera en gana.
Yo nunca encontraba esa pared.
Vive como si te despidieras, me aconsejaba Marlon entre intento y intento. Pero yo era demasiado joven para hacerle caso. olvidadizo en extremos alarmantes y un tanto cínico con aquellos que me querían bien.
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Ahora suena: Where Is My Mind? - Pixies http://es.youtube.com/watch?v=GfcW_cPDCHo&feature=related
Foto: Marlon y sus bíceps, hartos ya de mí.





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