Como si no hubiera prisa
Recuerdo que el coche tenía la capota bajada. Se preveía un día bastante generoso para un viaje o, al menos, eso parecía querer dar a entender ese brillante amanecer. Apenas alguna nube, que no llegaba a manchar, flotaba en el inmenso y radiante azul de esa mañana de verano.
Por culpa de mis tonterías y distracciones, llevábamos ya cerca de una hora de retraso respecto a lo planeado. Me imaginaba que a esas alturas no deberíamos estar lejos de la frontera pero, a pesar de todo, él seguía sonriendo. Como si no hubiera prisa. En realidad no la había, pero yo ya empezaba a sentirme un tanto culpable y eso que él mostraba ningún tipo de reproche ni daba la impresión de que fuera a poner alguna mala cara a lo largo del viaje. Se le veía ilusionado.
Se predecían unas doce horas en compañía de las entonces no tan viejas glorias del rock, que a él tanto le gustaban y que yo no entendía, sonando por el radiocasete del coche, disfrutando del paisaje que por momentos dejábamos atrás, bendiciendo al inventor de la crema solar y maldiciéndome a mí mismo por haberme olvidado las gafas de sol en casa. Podría haber vuelto a por ellas cuando me acordé –estábamos aún en el garaje-, pero preferí no aplazar todavía más la salida.
Con nueve, diez, once o doce años todo se ve de otra manera pero, aún así, que real puede llegar a parecer el sueño de una noche de domingo de un mes de marzo cualquiera.
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Ahora suena: Yesterday - The Beatles http://es.youtube.com/watch?v=emkCTQUeoUw&feature=related






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