Todos los atardeceres
¿De qué sirve suspirar por ver morirse el sol?
Inútiles preocupaciones, juegos para confundir, girar la vista en las despedidas y entradas a cámara lenta. Cafés descafeinados combinados con pastillas para no soñar.
Palabras diluidas, entrecortadas y nerviosas, que, claro, no dicen nada. Aunque pretendan decir demasiado.
Compartiendo los mejores momentos, muchos sin significado, pero que a la vez lo son todo.
Como la única cosa que sabemos con seguridad, sin que nadie nos la escriba ni nos la intente explicar. Conocida y pendiente de descubrir, que conste.
Un solo de guitarra y una señal para perderse y olvidar el resto. Igual que un pequeño, frío y roto hallelujah, el instante idóneo para no ahogar los gritos.
Y aunque pase el tiempo mientras dudamos, aunque no se detenga por mucho que lo deseemos, nunca creeremos que lo hemos malgastado viendo todos esos atardeceres. Porque todos tienen algo.
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Foto: Tomada sobre las 18.10 antes del concierto de Serrat y Sabina en el Palau.
Ahora suena: Carry On Up The Morning - Babyshambles
Suerte que hay alguien que me recuerda que actualice esto de vez en cuando.






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