Basta con notarse...
Le rodeaba la cintura con mi brazo, como protegiéndola de la lluvia que afuera desafinaba.
La paradoja o paralelismo se encuentra dentro de su habitación y por debajo de sus finas sabanas, dónde no había nada que afinar, porque todo estaba hecho a medida, el uno para el otro.
Hay veces en las que no hacen falta luces para verse. Basta con notarse y saberse frente a frente. Ojos y dientes, perlas para los cursis y horteras, se muestras confidentes y amistosos, así como divertidos, cuando son iluminados de vez en cuando por algún relámpago perdido en la tormenta.
Silencio sólo puesto en duda por algún suspiro que huye de una sonrisa o un gemido ahogado que nace de un beso, un roce o una caricia bien recibida. "Espero que no venga usted sola, no será usted el último, ¿verdad?".
A veces un coche ronronea, se traga la calle, y levanta el agua de los charcos de la calzada e ilumina con sus faros el techo de la habitación, siguiendo una trayectoria recta, de punta a punta y con los límites y márgenes que la ventana, con la persiana casi bajada, marca.
Y todo, amenizado de fondo con el suave y a la vez salvaje sonido del agua, cayendo con furia pero sin rabia, sobre el suelo de la terraza y las mamparas de plástico del tejado.
No, no enciendas las luces. Quédate conmigo.
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Publicado en mi fotolog el 19 de Agosto. (www.fotolog.com/player88)





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